El seis de marzo se llevo a cabo la movilización en homenaje a las víctimas del paramilitarismo. Los afectados directos y figuras de la oposición en su mayoría conformaban el grueso de la caminata. En medio del dolor de madres que cargaban la foto de su hijo desaparecido, de encapuchados que se jactaban con arengas llenas de odio, estaba Antanas Mockus caminaba con megáfono en mano pidiendo reconciliación, leía textos por la paz, en un mar de marchantes heridos, él pedía reconciliación.
Iván Cepeda había convocado en su evento de facebook una marcha que se daría en el marco del silencio, no quería propagar odio, no quería que quienes lo acompañasen lanzaran madrazos candentes que reprodujeran esa cadena de repulsión por el otro, preveía que se alejara la causa del sentido homenaje a quienes por crímenes de la ultra derecha de nuestro país ya no están con sus familias. No fue así.
“Yo sé que por andar haciendo mucho comentarios por periódicos y emisoras el día de mañana el grupo paramilitar que tenemos gobernando, algún día se que me asesinaran y seré un colombiano más asesinado por esos miserables, pero mientras tanto no me acallaré, ¡acá se ha asesinado mucha gente inocente!”, afirma José Modesto Salcedo, que aunque su familia no ha puesto muertos en esta guerra en la que nuestro país se ha matado por varios siglos, su testimonio él lo ubica entre las víctimas del sistema bancario colombiano, una razón más para odiar, según sus palabras, a un gobierno o a un dirigente, no importa el motivo, el verbo es el mismo: odiar.
Y el de don José Modesto es el testimonio más repetido que se encuentra en esta marcha: son los afectados directos, los que han llorado padres, los que visitan el cementerio cada domingo para llevar flores a las tumbas de colombianos asesinados por la cadena de odio que ha atravesado nuestra historia desde la concepción misma de la patria. Son víctimas inocentes sin duda, pero la cadena de dolor es mejor no propagarla, es mejor llorarlos en sus tumbas que vengarlos con más sangre, sea así tal vez se acabe nuestra violencia.
“Oportunista”
Miles de personas en la carrera séptima caminan bajo la llovizna tenue que refuerza aún más la tristeza y el repudio de los manifestantes. El ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus, concede una entrevista al canal RCN en una tarima improvisada al frente del Parque Nacional. Los insultos vuelan en contra del canal con más alta sintonía de Colombia: “¡Radio Casa de Nariño largaté de aquí!”, “¡RCN fuera, fuera voceros del gobierno paramilitar!”. Pero algunos empiezan a gritar “bájate de ahí oportunista”, el ex burgomaestre también es objetivo de algunos gritos de rechazo. El bombillo rojo de la se apaga, la periodista agradece a Mockus, baja rápidamente los escalones cuidándose que sus tacones no le jueguen una mala pasada mientras evade las ofensas de cientos que la rodean. Él en una actitud serena, baja.

Mi grabadora de cassette lo recibe: “Por ahí había uno que otro vendedor ambulante que en su momento desaloje, que se le va a hacer. Me toco el papel de responsable, de defender del espacio público de la sociedad, así que trato de mirarlo con cariño y entenderlo. Ahora si me da el chance yo también trato de explicarle que uno como autoridad tiene el deber de hacer cumplir la constitución y las leyes, cuando uno jura como alcalde tiene que hacer cumplirlas, aunque uno quisiera hacerse el de la vista gorda por el lado del corazoncito, pero también hay que explicarle a la gente que el espacio público es para las personas.”

Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas es acompañado por un grupo grande de sus partidarios. Todos uniformados con camisetas negras con una mano en el medio enmarcada por el color blanco en donde resalta la frase “la vida es sagrada”, todos esperan a que su líder hable a la grabadora.
Le pregunto acerca de la negativa del gobierno de no participar en esta marcha: “Pues yo de haber sido gobierno hubiera apoyado esta marcha también.”, responde mientras empezamos a caminar por la principal vía de la ciudad. “Hubiera empezado a construir un escenario donde todos tienen el mismo derecho a existir, quien ha perdido un pariente cercano en este conflicto debe también aprender a solidarizarse con otros que pensaban distintos o que estaban en bandos opuestos, algún día estaremos en ese camino.”
Dos cuadras más adelante las cámaras lo reconocen, los transeúntes le toman fotos. La conversación sigue y le interrogo sobre el odio que se siente en los testimonios de quienes marchan por sus muertos, “Cuando ha habido cosas tan graves y la gente la ha podido vivir en carne propia como las familias de las víctimas, es natural que allá una tendencia a odiar.”
Un periodista que aparece de la nada lanza una pregunta “¿Usted porqué marcha señor Mockus?”, le responde, “Mi causa es la reivindicación de la indignación, aprendamos a indignarnos juntos contra todas las barbaries, vengan de donde vengan, aprendamos a reconocer que las historias en el fondo son parecidas, en Colombia hay gente de derecha que no quiere oír hablar de la UP ni de lo que ha pasado en algunas regiones colombianas, pero también hay gente que no quiere oír sobre todas las consecuencias que trae el secuestro o la misma extorsión que nadie menciona. En Colombia tendremos que tener paciencia y ofrecer la otra mejilla para que depongamos esa memoria de odio y construyamos futuro.”, el periodista apaga su cámara, por lo que veo en su insignia se dirige presuroso hacía la 26 con 68 con el afán de la chiva.
Sin darse cuenta el político con ascendencia lituana se ha enfrascado en un dialogo con la comunidad, mi micrófono en el medio: “Es como los matrimonios, en el fondo nos queremos mucho, pero como hemos estado en contraposición tan fuerte cada uno lo que le recuerda al otro es todas sus vejaciones, entonces cierto sector de la sociedad recuerda muy fuertemente el secuestro y se logró una solidaridad de toda la sociedad frente a los secuestrados. Hoy deberíamos esta aquí toda la sociedad en solidaridad en contra de todas las desapariciones, las masacres, los asesinatos extra judiciales.” responde a la división que le plantea un joven (que presumo, por su mochila y su pelo largo, estudiante de alguna universidad pública) hay en la sociedad entre los marchantes del 4 de febrero y los manifestantes que avanzan por la carrera séptima con calle treinta y dos repudiando los grupos paramilitares.
“Me preocupa es que por no expresar esa indignación al tiempo todos, a veces producimos odio en algunos, yo prefiero por eso la indignación porque esta trata de corregir al otro, trata de mostrarle al otro que tiene que pagar el foul que cometió, si yo lo odio a usted yo quiero que usted desaparezca, es mucho menos constructivo el odio que la indignación, por eso unámonos y compartamos la indignación entre todos.” asegura Mockus.
Siento la necesidad de preguntarle por el talismán que se ha convertido Ingrid Betancourt para las FARC, “Me importa la libertad de Ingrid, pero también me importa que las masacres se aclaren y que las víctimas de secuestros, de desplazamientos, todas sean reconocidas y escuchadas, aunque seguramente lo que hará es expresar desconfianza y algo de resentimiento y de odio.” Se queda en silencio, me mira fijamente y termina, “Cada uno de nosotros es irrepetible, el luto y el dolor hay que compartirlo, muchos no se esperaban que el organizador de esta marcha, Iván Cepeda, leyera en la vigilia realizada el fin de semana pasado el testimonio de Ingrid, él fue capaz de decir también me importa el dolor de Ingrid”.
Cada vez más a los lados de la calle se abarrotan los mirones, los manifestantes les cantan “amigo, mirón, únase al montón”. Interrogo a Mockus sobre los procesos de castigo que se gestan por el gobierno actual con quienes cometieron estos crímenes que hoy tienen llorando a miles, “Lo importante en estos procesos es el no dejar que el odio absorba a quienes participen en estos, hay que inyectarles comprensión, que se pongan en el lugar del otro. Mucha gente hubiera podido nacer unas horas después, unas horas antes o en la familia vecina…”, lágrimas salen de sus ojos en el preciso instante en que una cámara se acerca. Con la voz entrecortada y tras algunos segundos de silencio, continua “…les hubiera tocado haber vivido sufrido lo mismo…el azar es el que ha elegido de que parte ha quedado cada quien en esa guerra sucia, entonces la gente tiene que reconocerse sociológicamente(sic) somos parecidos y darse cuenta que pudieron haber vivido en la misma ciudad o haberse criado en la misma familia, que pudieron haber sufrido las mismas vicisitudes, pues la gente se dará cuenta que la violencia es absurda y así odiar los métodos violentos, no a las personas.”Me despido, Antanas Mockus coge el megáfono y “la vida es sagrada” retumba a su paso.

Don José Modesto tiene razón, muchos inocentes han sido enterrados en medio de la impunidad absoluta; Mockus tiene razón, ojala el odio no se perpetué, ojala no produzca más muertes, más víctimas.