
Reportaje por: Diana Camacho, Karla Melo y Juan Sebastián Morales.
Un intelectual de la calle que no paga impuestos y cuenta con la ayuda económica de sus amigos y conocidos, prepara su nuevo libro que cuenta con sus últimas experiencias en El Cartucho, entrelazadas con opiniones de personas cercanas a él.
Su vida ha pasado entre libros y bazuco, pero está tranquilo. Nació hace 61 años en Puerto Berrío Antioquia, ha desempeñado muchos oficios: carnicero, comisario de policía, vendedor de chance, empleado público, entre otros; pero lo único que lo identifica permanentemente es el hecho de ser escritor. Sus poemas están compilados en el libro Crónicas de una dictadura sonriente, publicado en 1981, otros figuran en Cuentistas y poetas del sector oficial y Novísima Poesía Latinoamericana.
La primera experiencia que tuvo como escritor fue en su adolescencia con Gonzalo Arango, quien lo acogió y le dio “el bautizo nadaista”, movimiento que ya conocía y al que siempre se sintió cercano por ser una propuesta ética y un modo de vida acorde con su modo de pensar.
Luego vino su experiencia como sindicalista, la cual apareció, en sus palabras: “ante la ausencia de elementos capaces de crear condiciones para desarrollar las ideas sociales que como cualquier ser humano tiene”. Ésta le dio cierta popularidad, también por amplio conocimiento con respecto a la teoría de Lucha de clases y de los principios del sindicalismo.
Un tiempo después, su hermano adicto al bazuco y con varios problemas familiares, se suicidó. Bustamante sentía un gran cariño hacía él y quería saber qué le había pasado, entonces se fue acercando a El Cartucho en busca de respuestas. “Siempre había tenido la idea de que la droga no era enemiga de nadie, los enemigos son los otros y ésos son los que terminan por hundirlo a uno”. Entonces, llegó a este barrio para corroborar sus sospechas y allí se quedó por once años. Sus vivencias y testimonios acerca de su permanencia en el lugar se encuentran en El último cartucho, libro cuya primera publicación fue en 2002.
Recuerda que “cuando se acababa la droga en el sector de la 16 iba hacia el Bronx, abajo del Batallón (…) hoy día Batallón de Reclutamiento”. Para él, ese es un paso normal para los adictos del centro de Bogotá. Además, como saben que están haciendo una actividad ilegal, deben reunirse en sitios “que no son frecuentados por personas sanas (…), allí se encuentran aquellos que tienen cierta predestinación a caer en el campo de la marginalidad la cual está matizada por la droga”.
Su opinión frente a la drogas es clara y no está ligada a la destrucción del individuo: “cuando uno mira las cosas más allá del maniqueísmo, de definir a la sociedad entre demonios y ángeles, se da cuenta que la droga es apenas algo representativo del campo del hombre en donde no necesariamente se comparte el ideal del éxito, del trabajo o de estar en competencia con el otro”.
Él ha definido al bazuco como una droga menor que “dentro de 500 años se la van a dar a los bebés en el tetero” y lleva a una especie de gitanismo primitivo en donde hay una renuncia a los lujos para dejarse llevar por los efectos de ésta, que terminan siendo un 30% de reacción química y otro 70% resultante de presiones psicosociales, que llevan a experimentar sensaciones nuevas y agradables.
La homogeneidad espiritual que caracterizaba a los adictos a las drogas ha sido remplazada por modas. “La mayoría de la especie humana se comporta con criterio de rebaño, todo se repite, se difunde”. Más que escape a la realidad, se convirtió en un método de aceptación y de integración a ciertos grupos urbanos, lo cual se ve con más frecuencia en las capas altas de la sociedad. Es un proceso de “metástasis social” que culmina con expresiones marginales.
El otro escape a la realidad viene de su vida como escritor. Él piensa que la literatura es la única posibilidad, porque la palabra tiene un poder inmenso y termina siendo la base de las ciencias humanísticas y de la vida en general. “La palabra tiene tantos contenidos que una sola puede superar 1000 imágenes”. Lo que sucede es que la gente subestima hasta dónde llega y su capacidad de transformar conciencias y modificar actitudes.
Ahora, después de El último cartucho, está preparando Soy un príncipe a mi modo una recolección de investigaciones y experiencias con la droga en las calles. Hasta ahora no ha aparecido de manera frontal en sus textos, más bien son crónicas sobre terceros, pero éste pretende ser diferente, incluye: uso de las armas, actos de violencia, cómo es el sexo para una persona como él, relaciones de pareja, institucionalidad y criminalidad en la zona de el Bronx, en fin, una serie de situaciones y temas de los que tiene pleno conocimiento.

Como es una persona que ha hecho varias charlas en universidades, se le ocurrió la idea de incluir en su nueva publicación, las opiniones que los estudiantes tienen de él, se llamará “Se dice de mí”. Esto no quiere decir que tenga una relación cercana o directa con los jóvenes. No se muestra interesado por las formas de rebelión que persiguen, ni los modelos de comportamiento que tienen, sin embargo, afirma en tono irónico: “la juventud es bella, aunque no se bañe”.
El rol que Guillermo Bustamante asume como “ñero” es totalmente intencional, es conciente de su situación, la acepta y es feliz. Continúa con sus ideas anitiburguesas y pensando que es “más degradante comerse una hamburguesa de $5000 en Mc Donalds que metérselos en cinco bichas”.
BONUS: A continuación unos textos escritos por Bustamante, vía libre a que disfruten.
PROCLAMA
Compañeros
Alguna vez ellos también sentirán
Miedo
Y estarán viviendo la zozobra de los días
Que ya no serán suyos
La incomparable pena de tener que rendir
Cuentas a su antiguo siervo
El dolor de encontrar frente a su boca
Millones de puños
Sepultando sus palabras
Y el odio justo al fin de quienes atacaron sin
Tregua
Compañeros
A ellos también les llega el turno
Y hay que estar dispuestos
No guardemos esfuerzos
Porque esto sea pronto
Qué decir mañana
Puede inundar nuestros ojos
De peligrosos sueños
Pero tengamos fe
Que ellos también son de carne y hueso.
PENTAGRAMA
Me gusta el canto del obrero
Cuando acaricia el tiempo
Es un grito
Que arranca a llamaradas
Densas capas de silencio
Me gusta el canto del obrero
Cuando con su herramienta
Rompe el viento
Es el implacable trepidar
De sus conciencia armada de siglos
De dolorosos recuerdos
De sanguíneas gotas de sudor
Bajo el férula rígida del amo
Siempre hambriento
Me gusta ese canto cuando es digno,
Altanero si se quiere
Me gusta porque es un látigo
Un vendaval
Un disparo sobre las malas conciencias
El Apocalipsis de quienes se creen sus dueños
Me guata el canto del obrero
Y lo canto a todas horas
A la luz de la luna
Tierna e inocente
O en las mañanas del invierno
CANCIÓN DE REGRESO
Vuelves a mí de nuevo
Y no descubres
Que hasta mi propia piel me ha desterrado
Que carezco
De bosques y mañanas
Para escanciar mi luz
La luz sombría de mis ojos
Vuelves
Díscola y opaca
Pensando que es delirio este dolor
Estas cenizas
La paz mía es rebozada
Paz de llanto
Mas no temo este regreso
Ni tu errado
Corazón de hielo
Vuelve.
Entra segura con tu lanza. Rompe el aire
De esta grieta desnuda
La vena
Que horadaste
Sigue abierta
POST-DATA A UN VIEJO AMOR
Me voy
Después de todo
Fui incapaz
De ser dócil a tu insobornable
Tentación de cultivar mi mansedumbre
Me largo.
Llevo conmigo
El recuerdo atroz de aquellos días
Que borraron mil crepúsculos
Porque nos amamos
Con una fe perdida
De fiebre huracanada
Ciega como esta noche
Errabunda
Desde luego
Yo no fui humilde que digamos
En esto quiero
Ser honesto
U objetivo que a mi modo
Es como si apenas recurriera de nuevo
A la ternura
Además nada valdría
Mentir ahora que ha muerto
Este lustro de amor cuyo final
Creímos imposible
Todo lo teníamos fríamente preparado
No te culpo.
No arreglaría este vendaval
Empinándome en las sombras de
Recriminaciones tardías
Me marcho sin remedio.
Sin prorrogas
Resuelto.
Llevo conmigo los almanaques
De tantos sueños iracundos
La suela con que recorrí tortuosos días
Que hoy son sólo rastros
Oscurecidos de tanto ruido y tanta lluvia
Me voy y no me quito. Todo
Lo que nos unía
Recibió hace mucho humana sepultura
Para qué seguir entonces
Talvez
Nos echemos de menos algún día